El uso frecuente de las cabinas de bronceado ¿es dañino para la piel?

Múltiples investigaciones científicas han constatado que la exposición incontrolada a la luz UVA de las lámparas de bronceado y a la radiación solar constituye el peor enemigo de nuestra piel.

Naturalmente, a mayor abuso mayor es el daño. Cierto es que esta radiación electromagnética puede tener efectos beneficiosos para el acné, los eczemas, el psoriasis, el vitíligo, cuando es utilizada de forma prudente y equilibrada, sin obviar su importancia en la síntesis de la vitamina D.

Su acción dañina o patológica se manifiesta de forma brusca o inmediata en forma de quemaduras, alergias en personas predispuestas, golpe de calor o insolación, hipotensión ortostática,… Pero lo más relevante por su difícil tratamiento o potencial gravedad son los daños irreparables a largo plazo: fotoenvejecimiento de nuestra piel (dermatoheliosis), tumores cutáneos (epitelioma basocelular, epitelioma espinocelular y melanomas)…

Debemos señalar que no todos los cutis reaccionan de igual manera a esta agresividad lumínica (fototipos). Las personas pelirrojas/rubias de ojos claros y piel pálida (fototipo 1 y 2) tienen una piel muy sensible que suele quemarse con suma facilidad por lo que deben extremar la precaución y evitar la exposición solar directa entre las 11:00 de la mañana y las 20:00 en la tarde y siempre utilizando un filtro de máxima protección. Por esto, la utilización de las cabinas de bronceado es totalmente desaconsejable para estas personas.

Las pieles más o menos morenas (fototipos 3,4) deben evitar los baños de sol entre las 12:00 del mediodía y las 18:00 de la tarde en los días más soleados. El uso de protectores solares es obligado durante los primeros días de exposición y la utilización de cabinas con rayos UVA debe ser siempre a pequeñas dosis y bajo exhaustivo control por parte de un personal técnicamente cualificado.