Caso clínico tratado por el Dr. Pozo.
Mujer de 58 años que trabaja como jornalera en las labores del campo. Su médico de cabecera la está tratando por una ligera hipertensión arterial e hipercolesterolemia. Esposo y tres hijos sanos sin antecedentes de interés.
Acude a consulta dermatológica por presentar, desde hace unos dos meses, una lesión abultada en antebrazo que atribuye a alguna picadura accidental con algún arbusto espinoso en sus faenas como labradora.
A la inspección dermatológica se evidencia lesión tumoral del tamaño de una avellana y forma hemiesférica, con un área central deprimida o crateriforme cubierta de un tapón queratósico. Los bordes son eritematosos y telangiectásicos y la tumoración ha mostrado un patrón de crecimiento rápido. Refiere ausencia de molestias subjetivas a excepción de un ligero escozor de carácter ocasional. Su médico de cabecera la ha recetado una pomada antibiótica que no le ha sido de ninguna utilidad.
Se decide realizar una exéresis amplia de la lesión con una biopsia que confirma la sospecha diagnóstica de queratoacantoma.